Publicado el: 16/05/2025

Emergencia en los patios: una llamada a la acción para transformar nuestros espacios educativos

El patio del colegio. Ese lugar donde se detienen las clases formales y comienza otro tipo de aprendizaje, quizás más libre, pero igualmente fundamental. Como coordinador de los dos Fórums Temps de Pati Saludable (https://tempsdepatisaludable.org/), he tenido el privilegio de conocer de primera mano una realidad que ya no podemos ignorar: tenemos una auténtica emergencia en los patios de nuestros centros educativos. Es urgente convertir estos espacios en entornos más saludables física y emocionalmente para nuestros niños y jóvenes.

Las conclusiones extraídas tras dos ediciones del Fórum, recogidas detalladamente en el informe de reflexiones y en el vídeo-documental que resume nuestros encuentros, son claras. No hablamos de una cuestión estética o de una simple mejora superficial. Hablamos de la necesidad imperiosa de abordar una problemática con múltiples manifestaciones que impactan directamente en el bienestar y desarrollo de los alumnos.

La cruda realidad de nuestros patios

Si echamos un vistazo crítico, ¿qué vemos en la mayoría de los patios de los colegios de Mallorca? La respuesta, desgraciadamente, se repite con demasiada frecuencia: extensiones de cemento u hormigón, dominadas por una o dos pistas deportivas que monopolizan el espacio y el juego. Este diseño, heredado de una visión quizás más centrada en el control que en la pedagogía, favorece un tipo de actividad muy concreta, a menudo competitiva, y limita enormemente las oportunidades de juego diversificado, creativo, cooperativo y, sobre todo, inclusivo.

Esta configuración no tiene en cuenta la perspectiva de género, ni las necesidades del alumnado con diversidad funcional, ni la riqueza de intereses que tienen los niños. ¿El resultado? Dinámicas desiguales de ocupación del espacio, conflictos, exclusión y la invisibilización de muchos alumnos que no encuentran su lugar en este modelo. Además, la falta casi generalizada de vegetación, sombra natural y elementos vinculados a la naturaleza tiene un impacto negativo en el bienestar físico y emocional, un hecho especialmente preocupante en el contexto actual de emergencia climática y olas de calor cada vez más intensas. Como bien se apuntaba en el Fórum, los niños reclaman puntos de agua, sombra y lugares para trepar, elementos básicos para un desarrollo saludable.

Si a esto le sumamos el creciente «pantallismo» y la sobreexposición a dispositivos digitales que viven muchos niños fuera del colegio, reduciendo el juego activo y el movimiento espontáneo, la urgencia de ofrecer patios estimulantes, verdes y diversos se vuelve aún más evidente. Los patios deben ser oasis, refugios climáticos y emocionales para nuestra infancia.

Más allá del juego: el patio como espacio educativo y comunitario

Es fundamental que empecemos a concebir el patio no como un simple apéndice del edificio escolar, sino como un espacio educativo de primer orden. Un lugar donde se fomenten la convivencia, la inclusión, el respeto y la igualdad; un pequeño mundo donde, como se decía en el vídeo-documental, «se crea democracia a través de las relaciones». Los patios transformados ofrecen más oportunidades de juego, pero también espacios de tranquilidad, esenciales para el equilibrio emocional.

Pero la transformación no termina en la valla del colegio. Los patios tienen un potencial enorme como infraestructura colectiva, como espacios de referencia para los barrios y pueblos, especialmente en entornos urbanos densos donde escasean las zonas verdes y de recreo. Abrir los patios fuera del horario lectivo, convertirlos en equipamientos accesibles para la comunidad, es una oportunidad que no podemos dejar pasar.

Una llamada a la acción: de la reflexión a la transformación

Las experiencias de transformación que ya se están llevando a cabo en diversos colegios de Mallorca, como las que conocimos en el Fórum (CEIP Aina Moll, CEIP y ESO Pintor Joan Miró, Escola Es Liceu, CEIP Ses Quarterades, CEIP y ESO Son Basca, IES Son Cladera, CEIP Ses Marjades), demuestran que el cambio es posible y necesario. Pero estas iniciativas, a menudo fruto del esfuerzo titánico de equipos docentes comprometidos y familias implicadas, necesitan un impulso decidido.

La transformación de los patios escolares es un proceso complejo que requiere la implicación activa de toda la comunidad educativa (equipos directivos, docentes, familias y, por supuesto, los niños, que deben estar en el centro de cualquier proceso de participación) y un fuerte compromiso institucional.

A vosotros, equipos docentes: sois la clave para iniciar y liderar este cambio desde dentro. Vuestra visión pedagógica es fundamental para diseñar espacios que respondan a las necesidades reales de vuestro alumnado. Buscad alianzas con otros centros, compartid experiencias.

A vosotras, familias: vuestra implicación es un motor imprescindible. Como hemos visto, las familias se implican mucho cuando se las invita a participar en la transformación de los patios. Vuestra voz y vuestras manos son necesarias.

A vosotras, administraciones autonómicas y municipales: es la hora de pasar de las palabras a los hechos. Necesitamos políticas públicas valientes, recursos específicos, acompañamiento técnico continuado y una revisión de los procedimientos administrativos y la normativa actual, que a menudo limita las intervenciones. Los centros se sienten solos ante la magnitud de estos proyectos. Hay que facilitar el acceso a financiación y promover la creación de una red de patios saludables y refugios climáticos. Un mapeo de los tipos de patios existentes en Baleares y las dinámicas que se dan en ellos podría aportar claridad.

Como facilitador de estos procesos de cambio, desde mi experiencia coordinando el Fórum Temps de Pati Saludable, estoy convencido de que la transformación de los patios no solo mejora el bienestar físico y emocional de los niños, sino que puede, como se apuntaba, «transformar corazones» y mejorar la vida social e incluso el rendimiento escolar.

La emergencia en los patios es real, pero también lo es la oportunidad de generar un cambio positivo y duradero. Es el momento de actuar, de sumar esfuerzos y de convertir cada patio escolar en un espacio vivo, acogedor, inclusivo y saludable. Un lugar donde todos los niños tengan la oportunidad de sentirse bien, de jugar, de aprender y de crecer felices.