Publicado el: 04/04/2024

Hace unas semanas facilité una reunión con un grupito de unos 13 chicos y chicas de entre 15 y 16 años, en el marco de un programa de jóvenes emprendedores que estamos llevando a cabo desde Go Consulting.

Ese día en concreto pedí que ellos mismos hicieran un análisis sobre cómo describen a su propia generación (La Generación Z, de personas nacidas aproximadamente entre el 1997 y 2012). Tras un trabajo de reflexión en grupos, en la puesta en común compartieron algunas ideas que me parecieron interesantísimas.

Entre ellas, hoy me quedaré con una: tienen la percepción de que su generación está perdiendo la capacidad de hablar sin tecnología de por medio.

“Nuestra forma de comunicación es muy tecnológica” o “solemos utilizar códigos que son propios en redes sociales” -me dijeron- “pero cada vez nos hablamos menos directamente y a la cara, “además, somos muy sensibles al me gusta y a la falta de likes”. Estos comentarios, sin duda, me los trasladaron como algo que no les acaba de gustar del todo.

Mentiría si dijera que mi visión personal al respecto no tiene nada de “adultista, pues mi postura es inevitablemente parcial. En concreto, sí que percibo a las nuevas generaciones que vienen detrás de la mía como menos resilientes, igual que mi generación también lo debe ser si la comparamos con las que nos preceden.

Pero en el caso del “tenemos que hablar” mi impresión es que esta tendencia nos arrastra a todos y todas, y la veo más como un reto de la transformación social que un tema meramente generacional.

Lo cierto es que en mi contexto profesional estoy notando que la figura del facilitador de grupos está cada vez más valorada, y que son cada vez más los encargos que me llegan donde requieren un facilitador o facilitadora profesional.

Pienso que hay una relación directa entre la desconexión personal a la que nos estamos enfrentando con el valor creciente que le damos a contar con espacios humanos de calidad. El hecho de tener la oportunidad de encontrarse presencialmente, de tener un espacio cuidado ya sea de reflexión en grupo, de toma de decisiones, de creación y generación de ideas, o de celebración, es algo que, por cada vez más escaso, quizá es más apreciado.

En un mundo cada vez más enredado en la tecnología y la comunicación digital, es esencial recordar el valor intrínseco del contacto humano directo. La Generación Z nos desafía a reconsiderar cómo nos relacionamos, señalando la importancia de hablar cara a cara y reconectar con nuestra humanidad compartida.

En medio de la búsqueda de eficiencia y productividad, no perdamos de vista el poder transformador de los encuentros presenciales y los espacios cuidados de interacción genuina.

En última instancia, la verdadera eficacia radica en nuestra capacidad para comunicarnos y conectarnos auténticamente unos con otros, más allá de las pantallas y los dispositivos.